jueves, 27 de febrero de 2014

No SEPULTES tus PASIONES por las Responsabilidades‏

Vivir con pasión

Luis Sandrini fue un actor Argentino que filmo 78 películas, 
un actor extraordinario. La película numero 78 la dirigió 
alguien que tuvimos la ocasión de conocer, Ramón Ortega; 
se llamaba “Que linda es mi familia”. 

Cuando él filmaba esa película, él se empezó a sentir mal, 
tenía como dolores en el pecho y su director le decía que 
si quería suspendían la filmación hasta que él se repusiera. 
Y él solía decirle a Ortega, su director, si suspenden la 
filmación me voy a morir antes, porque disfruto lo que 
estoy haciendo. Y la terminó, filmó la última escena; 
cuando todos los que están detrás del set y aplauden 
y celebran; él de allí se fue en una ambulancia a la 
clínica y murió 6 días después. Por un derrame cerebral 
que se convinó, se coordinó con un paro cardiaco, y 
decía su esposa, realmente Luis murió haciendo lo 
que amaba hacer; un domingo 5 de Julio de 1980. 
Yo al otro día cumpliría 12 años de edad y ese día al 
leer la crónica del actor que yo tantas veces había 
visto en las películas, descubrí que había muerto filmando,
haciendo lo que le gustaba. Era increíble que la muerte 
lo sorprendiera justamente cuando él estaba trabajando 
en lo que más le gustaba.

Entonces le dije a mi papa, si algún día muriera, quisiera 
morir haciendo hasta el último día lo que amo hacer, lo 
que me gusta hacer, no quisiera retirarme y después 
morirme luego del olvido, 10 o 20 años después.

Dios me de fuerzas y Dios me dé una mente brillante, 
o por lo menos lucida para predicar hasta el último día 
de mi vida, aunque las piernas no tengan la misma fuerza 
que tienen ahora, porque no hay nada mejor que descubrir
cuál es tu pasión. 

Él Señor tenía una pasión por la vida, él vivía por mucho 
y por muchos, y tenía una pasión a tal punto que los 
capítulos finales de la vida de Jesús se la conocen 
como la pasión. Y nosotros deberíamos ser los 
seguidores más apasionados de Jesucristo; nunca 
perder la pasión. 

La pasión por vivir no es lo mismo que ganarse la vida, 
ganarse la vida es lo que uno hace por un salario, y el 
gran error de muchos es que comienzan persiguiendo 
una pasión y luego terminan conformándose con un 
salario, con un sueldo. Ahora yo soy consciente que 
hay cuentas que pagar, hay que ser responsables, 
pero uno puede edificar una vida o puede ganarse 
la vida simplemente; edificar una vida es muy 
diferente a estar ganándose la vida y trabajar por 
un salario. Cuando uno trabaja por un salario y un 
sueldo, lo he vivido con parientes muy cercanos a mí, 
uno va sepultando las más profundas pasiones debajo 
de las responsabilidades; ósea la pasión queda por 
allá abajo y arriba todas las responsabilidades 
cotidianas.

Tenemos que ser responsables, claro que sí, lo que 
digo es que las responsabilidades no necesariamente 
tienen que ahogar la pasión, aquello que nos gusta 
hacer. No estoy diciendo que tengan que dejar sus 
empleos, ni que tengan que dejar sus estudios, 
ningún muchacho joven me diga ¡Aleluya, el 
pastor dijo!

Quiero que entiendan hacia donde voy, quiero 
que entiendan que cuando hay una pasión en 
el corazón, nunca una responsabilidad lo termina 
de eclipsar. No importa la edad, no importa cuán 
calificado estés y aquí es donde entra el personaje 
que quiero hablarles por unos instantes; que habla 
justamente de la pasión. Estoy hablando de Nehemías, 
han oído hablar de él, tienen un libro en vuestra 
biblia que lleva su nombre. Para hablar de 
Nehemías rápido tenemos que hacer un vuelo 
de pájaro de una suerte de elección de historia 
y contarles que en el año 586 a.c un rey llamado 
Nabucodonosor invade Israel, invade Jerusalén. 
Destruye todo, destruye templo, la ciudad, las murallas. 
Luego, algunos años después, un tal Zorobabel con un 
remanente de judíos va y trata de reconstruir la ciudad, 
pero no obstante deja las murallas tiradas y  todavía 
están sin construir; hacía falta mano de obra, 
ingenieros, arquitectos y por sobre todo un cerebro
que pudiera llevar adelante esa tarea; Zorobabel no
lo hace.

Son algunos años después exactamente, en el año 
445 a.c, cuando un copero del rey que tiene la llave 
directa de la bodega que le trae los mejores vinos 
al rey cuando hay un banquete, tiene una idea loca. 
Es un hombre no calificado pero la pasión se va a 
encender en él. Y dice la biblia en el libro que lleva 
su nombre, Nehemías 1:1  lo siguiente “Estas son
las palabras de Nehemías, hijo de Hacalías en el 
mes de Quisleu, en el año 20, estando yo, Nehemías
en ciudadela de Susa, llegó Hanani, uno de mis 
hermanos, junto con algunos hombres de Judá 
y les pregunté por el resto de los judíos que se 
habían librado del destierro y por Jerusalén; me 
respondieron los que se libraron del destierro y 
quedaron en la provincia están enfrentando una 
gran calamidad y humillación. La muralla de 
Jerusalén sigue derribada, con sus puertas 
consumidas por el fuego. Al escuchar esto 
(dice Nehemías) me senté a llorar; hice duelo 
por algunos días, ayune y ore al Dios del cielo”.

Préstenme atención por favor, Nehemías no tiene 
ningún conocimiento de arquitectura, él es copero 
no sabe nada de la construcción, nunca había 
estado en Jerusalén, la biblia no da luz que él 
allá estado en Jerusalén alguna vez, no sabe cómo 
luce, no sabe cómo se ve Jerusalén, no hay 
fotografías, no hay Facebook, no  hay redes 
sociales, se tiene que llevar por lo que la gente 
le cuenta; entre ellos su hermano, que aparentemente 
él sí estuvo en Jerusalén.

Y Nehemías solo hace una pregunta ¿Cómo esta 
Jerusalén, la tierra de mis antepasados, como esta? 
Y su hermano le da un reporte le dice; Nehemías 
las murallas están derribadas, así que lo que hizo 
Zorobabel hace unos años de reconstruir la ciudad 
es saco roto, lo hemos de perder en cualquier 
momento, sin murallas somos presas fáciles para 
cualquier enemigo. Cuando recibe esta noticia un 
copero, toma una decisión humanamente irresponsable, 
dejar lo seguro por una carga que necesariamente 
no es de él, y por experiencia, insisto, cada vez que 
Dios nos manda a hacer algo, las decisiones que 
tenemos que tomar parecen ser irresponsables.

¿Me siguen hasta ahí? Por experiencia esto va para 
alguien que lo está necesitando. Hay alguien aquí 
que dice; Dios me está pidiendo algo pero cuando 
hago números, las cuentas no me dan, Dios me 
está pidiendo que viaje, que renuncie, que pida 
ese aumento, no sé, algo Dios te está pidiendo 
hace tiempo aquí en el corazón. Y cuando tu pones 
él debe y el haber, dices, no voy a quedar debiendo, 
no me va a salir bien, es algo humanamente imposible; 
eso es lo que certifica que Dios está poniendo algo 
en tu corazón. Ahora tú dices ¿y cómo se si no es
mío, como se si es de Dios?... Ver texto completo



Cordialmente,
AvanzaPorMas.com
"Estamos para bendecirte"

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