miércoles, 11 de diciembre de 2013

La mayor piedra en tu camino

Por Esteban Correa


“(...) porque Jehová escudriña los corazones de todos, 
y entiende todo intento de los pensamientos. (...)” 
1 Crónicas 28:9 

Muchos se preguntan ¿Porque hay cosas que busco 
y deseo, pero no puedo recibir de ninguna forma? Y 
la respuesta, la mayoría de las veces es: porque hay 
algo mal en nuestro corazón. Dios examina minuciosa 
y profundamente nuestros corazones, lo que anida 
nuestro ser en lo oculto, en lo más profundo, es el 
mayor interés de Dios. Nada le importa tanto a Dios 
como las actitudes de nuestro corazón. Pienso que 
esta es una revelación que va a cambiar la vida de 
muchas personas. No es fácil darse cuenta lo que 
nos pasa interiormente, pensamos que nos conocemos, 
sin embargo hacemos muchas cosas malas, que no 
podemos aceptar o ver claramente que están 
equivocadas. Él quiere quitarlas, no nos puede 
usar grandemente, ni bendecir en ese estado. 
La mayoría de las veces somos víctimas de nosotros 
mismos.  Nadie más tiene la culpa, nadie puede 
dañarnos más que nosotros mismos. El libro de 
proverbios nos muestra esto en dos versos claves: 

“Todos los caminos del hombre son limpios en su propia 
opinión; Pero Jehová pesa los espíritus”. Proverbios 16:2 
(RV60) 

“Todo camino del hombre es recto en su propia opinión; 
Pero Jehová pesa los corazones.” Proverbios 21:2 (RV60) 

La palabra peso se puede entender como que hay algo 
dentro del corazón que debe ser quitado, los pecados 
en el corazón producen un peso que no es apropiado 
para Dios, esta carga contaminante es la que impide 
el fluir de la bendición en una persona. (Dn. 5:27; 
Núm. 11:14;He. 12:1-2)

Otras versiones cambian la palabra peso, por juzgar. 
Dios juzga los corazones, mide las intenciones, la nueva 
versión internacional dice: 

“A cada uno le parece correcto su proceder, pero el Señor 
juzga los motivos”. Prov. 16:2 

Hay algo detrás de nuestras palabras y actos que solo 
Dios puede ver y juzgar correctamente. 

El Señor “Juzga los motivos” 

Puedes ir a dar una ayuda a alguien, pero el Señor juzga los 
motivos. Puedes no dar una ayuda a alguien, pero el Señor 
juzga los motivos. Puedes parecer egoísta o parecer 
generoso, pero el Señor juzga los motivos. Puedes 
parecer humilde o parecer orgulloso, pero el Señor es 
el que juzga los corazones. Solo él conoce profundamente 
los corazones. 

Más el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención 
del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios 
intercede por los santos”. Romanos 8:27 

Nos erigimos en jueces de los demás alegando, que debería 
y que no debería recibir cada uno, pero Dios ve más claro y 
más profundo que nosotros y él paga a cada uno según sus 
obras. 

En Apocalipsis 2:23 dice: “(...) y todas las iglesias sabrán 
que yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y os 
daré a cada uno según vuestras obras”. 

Pero ¿Cuál es la base de la maldad y el pecado? la respuesta 
es la arrogancia, que también podemos llamar orgullo o soberbia. 

“Altivo, arrogante y escarnecedor son los nombres del que obra 
con orgullo insolente”. Proverbios 21:24

Recuerda esto: La arrogancia es un sentimiento de 
superioridad ante los demás. Es creer que somos 
más valiosos que otros seres humanos. Es no
reconocer nuestros errores, es echarle la culpa de 
nuestros errores a los demás. Es creer que somos 
imprescindibles, es pensar que podemos siempre 
hacer todo mejor que los demás y que nadie nos 
supera, es no querer pedirle ayuda a nadie, es 
criticar a todo el mundo; porque en el fondo la arrogancia 
también nos lleva a los celos y la envidia. No se trata 
de parecer o no parecer arrogante, no se trata de 
cómo es nuestro carácter o temperamento, no se trata 
de lo que hagamos o no hagamos. Ni tampoco de lo 
que sepamos o no. Se trata de lo que somos o no 
somos en lo profundo de nuestro corazón. ¡¡Que Dios 
quite la arrogancia de nuestra vida para siempre!!. 
La soberbia, el orgullo o la arrogancia son la piedra 
fundamental de todos los demás pecados que podamos
cometer. Mientras exista arrogancia, habrá un peso 
contaminante en nuestra alma. 

Debemos temer a Dios con respecto a lo que hay en 
nuestro corazón. No hay forma de burlar, persuadir, 
manipular, o tratar de conformar al Señor cuando algo
está mal. Para eso, nada mejor que el arrepentimiento 
y la confesión. 

El orgullo no siempre es fácil de detectar, ni en nosotros 
mismos, ni en los demás. Hay personas que se les nota 
al instante su soberbia; pero otras, lo tienen más 
camuflado. Tal vez ellas piensan que son superiores 
en su interior y tratan de no decirlo, pero tarde o temprano 
eso se notará en un simple gesto, en una mirada, en 
una palabra. Es como un olor desagradable que lo 
podremos tratar de ocultar, pero que escapará por alguna 
pequeña actitud, en cualquier momento. Dios se encarga 
que sus hijos sean conforme a la imagen de Cristo, se 
encargará que todo orgullo en nuestra vida y toda obra
procedente de él, sean quebrantados. Dios llama nuestra 
atención continuamente para que abandonemos el orgullo 
en nuestro corazón. Pero el orgullo produce ceguera 
espiritual, de hecho las personas orgullosas, en su mayoría 
creen no serlo, incluso se creen muy humildes, muy 
agradables y solidarias. 

“Pero Él da mayor gracia. Por eso dice: Dios resiste a los 
soberbios pero da gracia a los humildes”. Santiago 4:6 

Puedo llegar a estas conclusiones luego de haber sido 
quebrado por las circunstancias en muchas oportunidades, 
Dios se vale de ciertas circunstancias para que podamos 
quebrar la arrogancia en nuestra alma. Circunstancias 
que destrozan tu soberbia como una copa de cristal 
lanzada hacia un suelo de piedra. Muchas veces esas 
circunstancias se producen delante de los demás y 
otras veces más íntimamente. La clave para vencer 
está en querer obedecer a Dios, en renunciar a sentirnos 
superior o más valiosos que los demás. El orgullo de un 
corazón arrogante no armoniza nunca con el plan de Dios, 
por eso, o seguimos su plan, o seguimos el camino de 
nuestro propio corazón. El orgullo puede estar en 
personas pobres, ricas, cultas, inteligentes o ignorantes. 
Nada tiene que ver la pobreza con la humildad. 

El orgulloso sufrirá irremediablemente, tendrá consecuencias 
inevitables. Dios confronta y se levanta contra todo 
orgullo, nos moldea y nos pule para liberarnos. Aquellos 
que no quieren someterse y hacer morir su arrogancia, 
de todas formas serán quebrantados, aunque no para 
ser transformados, sino avergonzados.   

“Abominación es a Jehová todo altivo de corazón; 
Ciertamente no quedará impune”. Proverbios 16:5 

“Altivez de ojos, y orgullo de corazón, Y pensamiento de 
impíos, son pecado”. Proverbios 21:4 

La historia de Nabucodonosor es una gran ejemplo de cómo 
Dios actúa frente al orgullo. El rey tuvo sus oportunidades 
de arrepentirse y vivir una vida sometida a Dios, reconociendo 
su grandeza y obedeciendo sus mandamientos. Pero escogió 
otro camino, Daniel 5:20 dice: Más cuando su corazón se 
ensoberbeció, y su espíritu se endureció en su orgullo, fue 
depuesto del trono de su reino, y despojado de su gloria”. 

El juicio de Dios para el orgullo del rey Nabucodonosor fue 
que ande con locura como las bestias en el campo durante 
siete años, luego de los cuales se arrepintió y reconoció 
humildemente que Dios lo gobierna todo: 

“Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey 
del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos 
justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia”.  
Daniel 4:37 

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